Criptomonedas y crimen: cuando la innovación tecnológica potencia viejos fraudes.
- leonoticias24
- 22 nov 2025
- 6 Min. de lectura
Por Leonardo Bermudez.

Sí, todos los sistemas económicos tienen estafas. Pero las criptomonedas las amplificaron a escala industrial.
"Todos los sistemas económicos tienen fraudes". Es el argumento favorito de los defensores cripto, y es cierto. Los esquemas Ponzi existieron antes de Bitcoin. El lavado de dinero se hacía con maletas de efectivo mucho antes de Tether. Las burbujas especulativas destruyeron fortunas desde la tulipomanía holandesa del siglo XVII.
El fraude financiero es tan antiguo como el dinero mismo.
Pero la pregunta no es si las criptomonedas inventaron el engaño. La pregunta es: ¿están resolviendo los problemas del sistema financiero tradicional, o los están empeorando de forma brutal y a escala global?
La evidencia apunta claramente a lo segundo.
Cuando robas 1.5 mil millones en minutos.
En febrero de 2025, el FBI confirmó lo que ya investigaban agencias estadounidenses: el grupo Lazarus, vinculado al gobierno de Corea del Norte según el Departamento del Tesoro y la ONU, había ejecutado el mayor robo de criptomonedas de la historia.
1.5 mil millones de dólares del exchange Bybit. Sin bóvedas, sin mulas, sin maletas de efectivo. Minutos.
Los hackers dispersaron los fondos en miles de direcciones blockchain, saltaron entre cadenas. Cuando Bybit detectó la brecha, el dinero ya viajaba por una red imposible de detener.
La diferencia con la banca tradicional: ahí puedes congelar transferencias sospechosas, revertir fraudes, intervenir. En cripto, presionas "enviar" y desaparece. Sin gerente de banco, sin autoridad central, sin botón de reversión.
El diseño descentralizado es su fortaleza filosófica y su debilidad criminal.
Desde 2017, según el FBI y el Tesoro, Corea del Norte ha robado más de 5 mil millones en criptomonedas para financiar su programa nuclear y de misiles.
Las sanciones pierden sentido cuando un Estado roba miles de millones desde una habitación con computadoras.
El nuevo narco-dólar digital.
Los entusiastas cripto repiten el mismo argumento: "el dólar financia más crímenes que Bitcoin". Técnicamente cierto. Pero están omitiendo la logística, que es donde todo cambia.
Mover dinero del narcotráfico siempre fue el talón de Aquiles de los carteles. Podías producir toneladas de cocaína, controlar rutas, sobornar autoridades. Pero eventualmente tenías que convertir montañas de efectivo en activos utilizables. Y ahí estaba la vulnerabilidad: negocios fachada, bancos corruptos, casas de remesas, testaferros. Era lento, costoso, riesgoso. Cada transacción, un punto donde las autoridades podían intervenir.
Hasta que apareció USDT.
Tether, la stablecoin vinculada al dólar, se convirtió —según el Departamento de Justicia— en "la nueva infraestructura del crimen transnacional".
El patrón está documentado en casos judiciales: efectivo de droga entregado a corredores chinos, quienes compran USDT en minutos y lo transfieren instantáneamente a México o Colombia. Redes peer-to-peer lo reconvierten a pesos o dólares físicos. Sin bancos. Sin cruces fronterizos físicos. Sin correos humanos expuestos.
Lo que antes tomaba semanas, ahora toma horas.
El FBI documentó que células del Cártel de Sinaloa lavaron 52.5 millones de dólares en criptomonedas entre 2021 y 2023. La DEA confiscó más de 5 millones en USDT vinculados a redes de lavado en 2025. La ONU contra la Droga y el Delito fue directa: USDT es el vehículo preferido para lavado, fraude cibernético y juego ilegal en Asia y América Latina.
¿El dólar financia crimen? Por supuesto. Pero no puedes enviar 10 millones al otro lado del planeta en cinco minutos sin pasar por un banco.
Con USDT, sí.
75 mil millones: la estafa más rentable del siglo.
En marzo de 2024, la Universidad de Texas publicó una cifra que heló a la comunidad de seguridad: más de 75 mil millones de dólares robados mediante pig butchering entre 2020 y 2024.
Setenta y cinco mil millones. Robado víctima por víctima, combinando ingeniería social, romance falso y falsas plataformas cripto.
El método es devastadoramente simple: un estafador contacta a la víctima por redes sociales o apps de citas. Construye una relación durante semanas o meses. Crea intimidad emocional. Cuando la confianza está consolidada, introduce la "oportunidad de inversión" en criptomonedas. La plataforma muestra ganancias impresionantes. La víctima invierte más y más.
Hasta que intenta retirar y descubre que todo desapareció.
El 84% de estas transacciones se movió en USDT. Binance, multado con 4.3 mil millones en 2023 por lavado de dinero, sigue siendo el exchange preferido para convertir estos fondos robados.
Pero hay algo más oscuro: Informes de la ONU-DDHH y la UNODC señalan, muchos de los operarios de estafas ‘pig butchering’ no son sólo estafadores, sino víctimas de trata humana: engañados con ofertas laborales, trasladados a complejos en Camboya, Myanmar o Laos, privados de documentos y obligados a operar fraudes bajo amenaza.
Es crimen globalizado, automatizado, que genera decenas de miles de millones. Y las criptomonedas son su columna vertebral.
El desastre en números.
El FBI registró 9.3 mil millones de dólares en pérdidas por fraude cripto solo en EE.UU. durante 2024. Un salto del 66% en un año. Casi 150,000 denuncias. Las personas mayores de 60 perdieron 2.8 mil millones.
Chainalysis identificó 40.9 mil millones en actividad ilícita cripto, pero admite que es conservador. Proyectan que superará 51 mil millones con datos completos.
El cambio es revelador: en 2021, el 70% del crimen cripto era en Bitcoin. Para 2024, el 63% migró a stablecoins, principalmente USDT. Más rápido, más barato, más difícil de rastrear.
Y está el colapso de 2022: 1.8 billones evaporados. Terra/Luna desapareció en tres días, borrando 450 mil millones. FTX colapsó en noviembre, otros 200 mil millones perdidos.
Detrás de cada cifra hay personas que hipotecaron casas, tomaron préstamos, apostaron ahorros de vida. Sin seguros de depósito. Sin rescates. Sin nadie a quien demandar.
En cripto, el código es la ley. Y cuando falla, perdiste.
El creador fantasma.
Nadie sabe quién creó Bitcoin.
Satoshi Nakamoto es un seudónimo. Podría ser una persona, un grupo, una agencia de inteligencia. Desde 2008, desapareció sin dejar rastro.
Esto no es pintoresco. Es profundamente inquietante.
Un sistema que ha movido billones de dólares, adoptado por millones, estudiado por gobiernos. Y su creador es un fantasma. Steve Jobs dio la cara. Tim Berners-Lee firmó la Web. Satoshi, no.
Se estima que Nakamoto minó un millón de bitcoins en los primeros días. A precios actuales: decenas de miles de millones de dólares. Nunca se han movido. Están ahí, congelados desde 2010.
¿Quién construye esa fortuna y no la toca jamás?
Las teorías abundan —NSA, criminales, experimentos descontrolados— pero ninguna es verificable. Nadie sabe quién escribió el código que sostiene un sistema financiero paralelo de billones de dólares.
Si alguien te ofreciera una inversión revolucionaria pero cuando preguntas quién la creó te dice "es anónimo", ¿le confiarías tus ahorros?
Ese instinto que te hace dudar no es paranoia. Es sentido común.
## La lección que olvidamos
Los defensores cripto tienen razón: el sistema financiero tradicional tiene problemas graves. Bancos rescatados con dinero público. Transferencias internacionales caras y lentas. Millones sin acceso bancario. Inflación que devora ahorros. Cuentas congeladas arbitrariamente.
Todo cierto.
También es cierto que las criptomonedas no resolvieron esos problemas de forma segura. Hicieron las transferencias más rápidas, sí... pero eliminaron todas las protecciones en el proceso.
Sin seguros de depósito. Si un exchange colapsa, pierdes todo. Sin reversión de fraudes. Si te estafan, el dinero se fue para siempre. Sin supervisión real. Las plataformas operan desde zonas sin ley.
El sistema financiero tradicional existe como existe por una razón brutal: siglos de crisis, estafas y colapsos enseñaron que se necesitan controles. Reguladores, aunque imperfectos. Seguros, aunque limitados. Reversión, aunque abusable. Supervisión, aunque lenta.
No son virtudes. Son cicatrices.
Las criptomonedas nos piden olvidar esas lecciones. Prometen que la tecnología resolverá problemas fundamentalmente humanos: codicia, engaño, abuso de poder.
Pero la tecnología no nos hace mejores personas. Solo nos hace más eficientes en lo que ya éramos.
El mundo que crearon.
Las cifras hablan:
9.3 mil millones en fraudes cripto en un año en un país. 75 mil millones robados mediante una sola modalidad de estafa. 1.8 billones evaporados en un colapso. Regímenes sancionados financiando armas nucleares. Carteles lavando dinero más fácil que nunca.
No es teoría. Es lo que las criptomonedas amplificaron a escala global.
Todos los sistemas económicos tienen fraudes. Pero no todos los hacen tan fáciles, tan rápidos, tan globales, tan irreversibles y tan impunes.
Quizá la pregunta nunca fue cómo destruir el sistema financiero tradicional, sino cómo arreglar lo que estaba roto sin eliminar las protecciones que la historia construyó a golpes.
Porque hasta ahora, de las cenizas del experimento cripto no ha surgido un nuevo orden financiero.
Solo más fuego.


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