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Epstein, inteligencia y poder: lo que está probado y lo que no

Jeffrey Epstein fue un financista estadounidense acusado de tráfico sexual de menores.
Jeffrey Epstein fue un financista estadounidense acusado de tráfico sexual de menores.

Separar los hechos documentados de la especulación en uno de los casos más complejos de las últimas décadas


Por Leo Noticias | Investigación Especial


El caso del financista Jeffrey Epstein sigue generando controversia global años después de su muerte en agosto de 2019. Más allá de los delitos sexuales por los que fue procesado, el caso dejó interrogantes sobre el origen de su fortuna, la naturaleza de su red de contactos y posibles conexiones con agencias de inteligencia.


Este artículo no busca confirmar ni desmentir teorías sobre espionaje. Busca algo más modesto y más útil: distinguir con claridad lo que está documentado judicialmente, lo que está reportado con fuentes creíbles, y lo que circula en el espacio público sin respaldo verificable.


Una red de poder sin precedentes: lo que sí está documentado



Registros de vuelos del avión privado de Epstein —el llamado "Lolita Express"—, agendas personales y testimonios presentados en el proceso judicial contra Ghislaine Maxwell confirman que el financista tenía acceso sistemático a círculos de poder político, financiero y académico en Estados Unidos, Europa e Israel.


Entre las personas documentadas en esos registros figuran expresidentes, príncipes, académicos de élite y ejecutivos de las principales corporaciones del mundo. Este acceso extraordinario, combinado con la opacidad sobre el origen de su fortuna, es lo que ha alimentado hipótesis sobre actividades que trascendían el ámbito financiero.


Nota editorial: La existencia de estas conexiones está probada. Lo que no está probado es el propósito de esas conexiones más allá de la red criminal que sí fue procesada judicialmente.


El caso Maxwell: la conexión más documentada con inteligencia israelí


Ghislaine Maxwell, condenada en diciembre de 2021 a 20 años de prisión por su papel en la red de tráfico sexual, es hija de Robert Maxwell (1923–1991), magnate mediático británico-checo cuya muerte en las costas de Canarias generó décadas de especulación.


Los vínculos de Robert Maxwell con el Mossad están entre los aspectos mejor respaldados de toda esta historia. El periodista Seymour Hersh, en su libro The Other Side of Deception (1994), documentó lo que describió como una relación funcional entre Maxwell y la inteligencia israelí. Múltiples exfuncionarios israelíes han hecho declaraciones en el mismo sentido a lo largo de los años.


El gobierno de Israel nunca ha confirmado ni desmentido oficialmente estos vínculos, y no existen documentos desclasificados que los corroboren. Lo que sí existe es un patrón de testimonios periodísticos y de exfuncionarios que resulta difícil de ignorar, aunque no constituye prueba en sentido judicial.


La pregunta que el periodismo no ha podido responder con evidencia es si esa conexión familiar se tradujo en algún tipo de relación operativa entre Ghislaine Maxwell, Epstein y agencias de inteligencia.


Los misterios financieros: mucho ruido, poca documentación


El origen de la fortuna de Epstein —estimada en más de 500 millones de dólares al momento de su segunda detención en 2019— nunca fue explicado de forma convincente ni por él ni por investigaciones posteriores. Administró grandes fondos para clientes como Leslie Wexner, fundador de L Brands, pero la escala de su patrimonio superó siempre lo que podía justificarse con esos clientes identificados.


Varias investigaciones periodísticas —entre ellas la de Julie K. Brown para el Miami Herald, que fue clave para reabrir el caso en 2018— señalaron estas inconsistencias. Sin embargo, Brown, cuya investigación fue la más rigurosa publicada sobre Epstein, no encontró evidencia que vinculara su riqueza con operaciones de inteligencia.


Hasta la fecha, ninguna investigación judicial ha establecido que su fortuna proviniera de actividades de espionaje o chantaje estatal.


El kompromat: un patrón real, una función no probada


Testimonios presentados en el juicio contra Maxwell y en procesos civiles posteriores indican que Epstein instaló sistemas de vigilancia en varias de sus propiedades, incluyendo su mansión en Manhattan y su isla privada en las Islas Vírgenes estadounidenses. Según estos testimonios, grabó encuentros sexuales con visitantes de alto perfil.


Este tipo de material —conocido en el mundo de la inteligencia como kompromat— ha sido históricamente utilizado por agencias de inteligencia para presionar o manipular figuras de poder. La técnica en sí tiene antecedentes bien documentados en operaciones del KGB, la CIA y otras agencias.


Sin embargo, existe una diferencia fundamental entre que Epstein haya acumulado ese material y que lo haya utilizado en beneficio de un Estado. No existe evidencia confirmada de que ese material haya sido compartido con ninguna agencia gubernamental ni utilizado en operaciones de inteligencia formales.


La afirmación sobre el Mossad: lo que hay y lo que no hay


La afirmación más directa de que Epstein fue un "agente del Mossad" proviene principalmente de Ari Ben-Menashe, quien se presenta como exoficial de inteligencia israelí. Ben-Menashe hizo esta afirmación a medios estadounidenses en 2019, después de la segunda detención de Epstein, y afirmó que tanto Epstein como Ghislaine Maxwell trabajaban para el Mossad desde los años 90.


El problema con Ben-Menashe como fuente es bien conocido entre periodistas que cubren inteligencia: tiene un historial de afirmaciones extraordinarias que han resultado imposibles de verificar, y ha sido cuestionado por investigadores e incluso por otros exfuncionarios israelíes. No presentó documentación de respaldo a sus afirmaciones sobre Epstein.


Existen referencias en archivos federales estadounidenses a la posibilidad de vínculos de Epstein con inteligencia extranjera. Sin embargo, estas referencias provienen de fuentes confidenciales cuya identidad y credibilidad no han sido establecidas públicamente, y las autoridades estadounidenses no han confirmado estos vínculos en ningún procedimiento oficial.


En síntesis: la afirmación existe, tiene una fuente identificable, pero esa fuente tiene credibilidad cuestionada y no hay documentación primaria que la respalde.


La pregunta que sí tiene respuesta: el fallo institucional


Mientras la pregunta sobre espionaje permanece sin respuesta verificable, existe otra pregunta sobre el caso Epstein que sí tiene respuesta documentada y que es, periodísticamente, más sólida: ¿por qué las instituciones estadounidenses fallaron sistemáticamente en detenerlo durante décadas?


En 2008, el fiscal federal Alexander Acosta —quien luego sería secretario de Trabajo de Donald Trump— firmó un acuerdo de culpabilidad con Epstein que le permitió eludir cargos federales por tráfico sexual, cumplir apenas 13 meses en una prisión del condado con permisos de salida diarios, y mantener en secreto los nombres de sus posibles cómplices. Una corte federal determinó en 2019 que ese acuerdo violó la ley al no notificar a las víctimas.


Este fallo institucional —documentado, con nombres, fechas y resoluciones judiciales— es el núcleo más sólido del escándalo Epstein. No requiere especulación sobre inteligencia extranjera para revelar un sistema que protegió a un depredador sexual durante décadas por su proximidad al poder.


Entre los hechos y las preguntas abiertas


El legado del caso Epstein es doble. Por un lado, una red criminal de explotación sexual de menores, confirmada judicialmente, con víctimas reales y perpetradores condenados. Por otro, un conjunto de interrogantes sobre el poder, la impunidad y posibles conexiones con estructuras de inteligencia que permanecen, en su mayor parte, sin respuesta verificable.


El periodismo riguroso puede y debe explorar esas preguntas. Pero la exploración responsable exige distinguir entre lo documentado, lo sugerido por fuentes con credibilidad variable, y lo que circula como narrativa sin anclaje verificable. Confundir esas tres categorías no es investigación: es amplificación de rumor.


Las conexiones de la familia Maxwell con inteligencia israelí tienen más respaldo que las afirmaciones directas sobre Epstein. El fallo institucional del Departamento de Justicia en 2008 está probado con nombre y apellido. Los interrogantes sobre su fortuna y el posible uso de kompromat son legítimos. Lo que no existe, hasta la fecha, es evidencia verificable de que Jeffrey Epstein haya sido un agente formal del Mossad o de cualquier otro servicio de inteligencia.


Eso no significa que esa conexión no haya existido. Significa que, por ahora, no hay prueba de que haya existido.




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